El ambiente en el pasillo principal del Hotel Imperial era sofocante. Armando, el Gerente General, no estaba acostumbrado a que lo desafiaran. Su traje negro impecable y su corbata perfectamente ajustada eran su armadura, y esa mañana, estaba dispuesto a usarla para destruir a quien se cruzara en su camino.
Frente a él estaba Mateo, un joven que vestía una simple chaqueta casual. En el fondo, con la mirada clavada en el suelo y el uniforme marrón arrugado por los nervios, estaba Elena, la jefa de piso. Ella esperaba lo peor, conteniendo las lágrimas ante la inminente humillación pública.
—¡Tú no vienes a mi hotel a decirme cómo hacer mi trabajo! —rugió Armando, acorralando a Mateo. Su voz resonó en las paredes de caoba—. ¡Llevo diez años dirigiendo este lugar! ¡Elena está despedida por incompetente y tú te vas a largar ahora mismo si no quieres salir de aquí esposado!
Armando respiraba con fuerza, esperando que el joven se encogiera de miedo frente a la autoridad. Pero Mateo se mantuvo estoico, con las manos en los bolsillos y una postura relajada.
—¿Terminaste tu berrinche, Armando? —preguntó Mateo. Su tono fue completamente gélido.
Armando frunció el ceño, descolocado por la absoluta falta de terror en los ojos del muchacho. —¡Seguridad! —gritó el gerente, dándose la vuelta hacia el pasillo—. ¡Sáquenlo de mi hotel!
Ningún guardia se movió.
Mateo sacó lentamente una tarjeta metálica negra de su bolsillo interior. Llevaba grabado en relieve el emblema del fondo de inversión dueño de la franquicia internacional.
—Los guardias ya no reciben órdenes tuyas —dijo Mateo, dando un paso al frente y obligando a Armando a retroceder—. Soy el auditor principal de la junta directiva. Llevo tres días haciéndome pasar por un contratista para documentar tus abusos de poder. Y Elena no está despedida; ella fue quien tuvo el valor de entregarnos los registros donde ocultabas tus desvíos de capital.
El color abandonó el rostro de Armando de un segundo a otro. Su fachada de intocable se desmoronó por completo al darse cuenta de que acababa de gritarle a su nuevo jefe.